Sigo con la misma historia. Vengo de la consulta de mi psicóloga y por fin he echado para fuera todo lo que me está angustiando últimamente. Llevo una temporada con estrés en el trabajo pero ahora que la cosa se ha calmado sigo estresada, duermiendo mal, teniendo sueños raros. Y me preguntaba: ¿por qué? Creo que la respuesta es la especie de pubertad que estoy pasando.
Recuerdo cómo hace años una amiga me decía que ni por todo el oro del mundo volvería a aquellos años, que qué horror tanta inseguridad. Yo pensé: ¿qué inseguridad? Claro, es que yo no había tenido esos problemas. Yo bloqueaba cualquier sentimiento negativo, lo ahogaba, lo mataba. Yo iba al colegio, sacaba buenas notas, etc. y con eso tenía el cupo emocional cubierto. Evidentemente todo tiene un precio, y en mi caso pagaba con ansiedad, una dermatitis galopante, dolores de cabeza casi contínuos y el comer compulsivamente. Casi nada.
Ahora he abierto las puertas a todos esos sentimientos que siempre he ignorado y me encuentro posiblemente con lo que se encuentra un bebé al nacer: miles de colores, ruidos, personas que quieren algo de mí, hambre, sed, frío, calor, constantes decisiones, responsabilidades, etc. El mundo exterior no ha cambiado, claro, pero yo sí. Ahora la cosas me molestan, me alegran, me frustran, me aburren, me divierten, me crean inseguridad. Y me siento algo saturada. Me siento totalmente saturada. Me muero de saturación, jeje. Me sale una sonrisa al escribirlo porque no hay nada peor que un sentimiento sin nombre y por fin sé lo que me pasa y puedo actuar en consecuencia. ¡Qué alivio!


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