Dicen que los trastornos de la conducta alimentaria tienen que ver con problemas en el proceso de maduración. Yo me lo creo totalmente: encaja perfectamente con mi experiencia. Recuerdo cómo a partir de cierta edad (no sé, los diez años o así) empecé a tener la sensación de que los demás me dejaban atrás. Había tantas cosas que no entendía y que los otros niños parecían saber… Lo único en lo que yo sentía que sabía más era en lo relacionado con los estudios. Ahí era un hacha, así que me centré en ese aspecto y dejé de lado todos los demás. Ahora me encuentro con 31 años y aprendiendo cosas que la gente aprende probablemente a los 15, si no antes. Por ejemplo, que las cosas no cambian sólo porque yo quiera. Que la vida a veces es una mierda y que hay que aceptarlo y actuar en consecuencia. No va a cambiar porque no mire, o porque desee con todas mis fuerzas que sea de otra forma. No sé, sueno un poco negativa, pero es que antes no era consciente de ciertas cosas que ahora sí que veo y no me gustan, aunque sepa que estoy mejor así. Y aunque sea una bobada preguntárselo, mo pregunto: ¿quién sería si no se hubiera interrumpido mi crecimiento cuando era niña? ¿quién soy? ¿es la inseguridad que siento ahora mismo la misma que sienten los adolescentes? ¿dejaré de sentirla algún día?
Madurar es fastidiado
Septiembre 8, 2008 · Dejar un comentario
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Hay que destruir
Agosto 28, 2008 · Dejar un comentario
Me temo que no queda otra. No hay más remedio que destruir para volver a construir. Toda la vida regida por la enfermedad. Toda la vida haciendo las cosas por las razones equivocadas. Toda la vida viviendo una vida que no es la tuya.
No se trata de mandarlo todo al carajo. Hay que ir punto por punto. Observando, sintiendo y corrigiendo allí donde el sentimiento sea negativo hasta que deje de serlo. Probablemente después de ese proceso seas otra persona: seas tú.
Pero no te vas a sentir mal necesariamente. Acuérdate de la sensación al tirar una torre de juguete que ha construído otro. O la que has construído tú. Destruir es divertido. También es arriesgado, es verdad. Necesitarás apoyos. Todos los que tengas. Será como que tiras la torre que llevabas atada a la espalda. La que no te dejaba moverte. La que no te dejaba ver. Serás libre.
Tienes que luchar. Golpea tus límites. Comprueba hasta dónde puedes llegar. Seguro que mucho más allá de lo que creías. Sal de tu cascarón de perfeccionismo. Prueba a ser imperfecta, a fallar. Es divertido, te lo prometo. Se aprende mucho más que cuando no te atreves. ¡Atrévete!
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Angustia
Agosto 19, 2008 · 2 comentarios
Siempre digo que no me gusta escribir cuando estoy mal y no es del todo cierto. Cuando estoy mal escribo emails a amigos que luego no envío. Para ordenar mis pensamientos. Soy una persona muy analítica y necesito entender lo que me ocurre. Quizá porque aún sigo juzgando mis sentimientos aunque sepa que no debería y no me permito llorar simplemente, sin saber por qué. Quizá porque estoy aprendiendo a reconocer mis sentimientos y aún me cuesta cierto esfuerzo. O a lo mejor es porque esta vez la llorera me ha pillado en el trabajo y por eso siento que no puedo pasarme el tiempo llorando. La cosa es que llevo ya no sé cuántos emails escritos y he llegado al quid de la cuestión.
Desde hace algo más de dos años estoy metida en un proceso durísimo. A veces ni yo misma me doy cuenta de la cantidad de energía que me quita y lo que me cuesta. Creo que es lo más parecido a la muerte de un ser querido que he vivido. O a la desaparición de un ser querido porque creo que es el hecho de que estén ahí pero que sean inalcanzables lo que me mata. La sensación de impotencia, de que he hecho todo lo que he podido y aún así no puedo cambiar la situación. La certeza de que sólo el tiempo puede cambiar las cosas y a la vez de que el tiempo de las personas es limitado y puede que no baste. La sensación de estar sufriendo por nada, sin razón, de que tenemos todos los elementos para estar bien pero no lo estamos. Cada día que pasa es un día que podríamos haber disfrutado juntos y no lo hemos hecho. Cada día podrían darse cuenta de que la solución está en su mano y no lo hacen.
Sé que no tiene sentido machacarse pero a veces es inevitable. El corazón tiene mucha inercia y se niega a aceptar ciertas cosas, igual que durante años me negué a aceptar que la situación era insostenible. En ese sentido estoy mucho mejor así. Sé que estoy mejor y normalmente actuo en consecuencia, pero cuando estoy debilitada o cuando algo me recuerda el asunto me entra la desazón y la tristeza. Porque aunque dadas las circunstancias esté mejor así, esas circunstancias son tristes y no me gustan y no puedo separarme de la esperanza de que algún día cambien. Y la esperanza me machaca porque hace que cada día que pasa reciba un golpe más.
Sé por la experiencia de otras personas y por lo que he leido sobre el duelo que estos momentos hay que pasarlos y que poco a poco irán espaciándose. Estas cosas necesitan tiempo, probablemente años, y no voy a permtir que me convenzan de que no es para tanto, ni de que esto pasa en todas las familias, ni de que tendría que ir superándolo. Yo sé lo que siento y sé que poco a poco voy avanzando, pero poco a poco por favor, sin empujar.
p.d.: Todo esto esta vez sin un atisbo de “modo atracón”, jeje. Si esto sigue así le voy a tener que cambiar el nombre al blog.
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No basta con saber cómo no se hace
Agosto 6, 2008 · 6 comentarios
Hay que aprender también cómo se hace. Siempre me he preguntado por qué la gente maltratada se convierte en maltratadora. Por qué la gente a la que pegaban sus padres muchas veces pega a sus hijos. Pensándolo me da la sensación de que el problema es que no saben comportarse de otra forma. No saben cómo hacerlo, solo cómo no hacerlo. Cambiar un patrón así requiere esfuerzo consciente, enfrentarse con uno mismo y muy posiblemente con la generación anterior, romper con el pasado, aceptar muchos errores, disculparse, llorar…
Darse cuenta de que hay un problema es el primer paso pero no basta para librarse de él de verdad porque el germen está en tí. Hay que limpiarse por fuera y por dentro…
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Simplificando
Agosto 4, 2008 · 2 comentarios
Creo que lo que me ha dado por llamar “modo atracón” es en realidad un ataque de ansiedad unido a la confusión inconsciente de la comida con un remedio para ese sentimiento.
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Problemas psicosomáticos II: la migraña
Julio 16, 2008 · 6 comentarios
Una de las entradas con más visitas en mi blog es en la que hablo de mis múltiples problemas psicosomáticos. Parece que hay mucha gente con problemas de ese tipo a la que sus médicos no les dan solución. Hace poco hablé con un estudiante de medicina avanzado sobre estos temas. Me decía que en realidad habría que mandar al 50% de los pacientes de las consultas de medicina general al psicólogo y que claro, que si hacías eso ya podías ir cerrando la consulta porque nadie iba a volver. ¿Es que el mundo está loco? ¿Es cierto que andamos todos desesperados con problemas para los que existe solución pero no queremos aceptarla? ¿Es normal que en vez de enseñarnos a aceptarla nos den por imposible condenándonos a años y años de desesperación? ¿Quién es responsable de este desaguisado? ¿Los médicos? ¿El ministerio? ¿Por qué sé lo que es el escorbuto y no que aunque tenga un problema físico real la causa puede estar en mi cabeza y que se puede curar? Una vez me pasaron un artículo que decía que el número medio de consultas necesarias para aceptar que un problema es psicosomático ronda las cien. Y el sistema sanitario está saturado, ¿a quién le extraña?
En fin, mientras se arregla el mundo os diré el par de “trucos” que me han ayudado a mí, por si os sirven de algo. En concreto los que me han servido para reducir mis migrañas:
- Aceptad la posibilidad de un problema psicosomático entre las posibles opciones. Los problemas psicosomáticos se pueden arreglar así que siempre es mejor que te quede esa opción que que no te quede ninguna.
- Buscad un buen médico de cabecera, estableced una relación de confianza y no cambiéis. Para mí un buen médico es alguien que tiene en cuenta vuestro estado global, que relaciona unos problemas con otros, que os pregunta por ejemplo si os sentís especialmente estresados, que tiene en cuenta la tensión añadida por situaciones como separaciones, exámenes importantes, etc. Yo encontré una médico estupenda. Me mudé hace casi cuatro años bastante lejos de ella pero no he cambiado porque un buen médico que te conoce bien es un auténtico tesoro para gente como yo, con un historial de más de quince años de migraña entre otros problemas.
- Pedid a vuestro médico que descarte posibles enfermedades físicas de forma sistemática. En mi caso por ejemplo una posibilidad era la sinusitis, a la que tenía cierta tendencia. Si podéis, haced una lista con el médico y luego id descartando. Si descartáis todas las demás tened en cuenta la posibilidad de que el problema sea psicosomático.
- Llevad un diario. Yo me apunto mis dolores de cabeza con asteriscos, de uno a tres según la intensidad, en mi agenda. A veces apunto otras cosas que suelen ir unidas: fatiga, estado de ánimo hundido, etc.
- Estableced hipótesis y comprobadlas usando el diario: ¿véis relación con el ciclo menstrual? ¿con exámenes? ¿con fiestas señaladas? ¿con …? Esta es la parte difícil y os toca a vosotros: nadie os conoce mejor que vosotros mismos y los médicos no tienen suficiente tiempo para estas cosas. Si acaso os puede ayudar un psicólogo. En mi caso, como ya comenté, parece que la migraña tiene que ver con problemas familiares así que aparece antes de cada viaje a España (vivo en el extranjero). Tardé en darme cuenta de esto bastante (años) porque no era inmediatamente antes de los viajes sino un mes antes o así. Tengo la manía de planificar con mucho tiempo así que probablemente empiezo a darle vueltas al tema con demasiada antelación como para que la conexión fuera evidente.
- Tened paciencia y sentido del humor: estas cosas no se van de un día para otro. Tomáoslo como un proyecto de investigación, como un reto. Puede ser hasta interesante. Si conseguís descubrir qué problemas causan la migraña tendréis una muy buena oportunidad de mejorar vuestras vidas posiblemente en aspectos que ni os imaginábais. Vuestro cuerpo os habla, os dice lo que necesita, sólo que a veces no se explica con claridad.
- Aceptad la enfermedad: no se trata de resignarse, pero sí de pasar los momentos malos con calma. Cuando tenéis un catarro no echáis pestes de la enfermedad, ni intentáis ignorarla ni empezáis a hacer más deporte para mejorar vuestra forma hasta que no estáis sanos de nuevo, por ejemplo. Os metéis en la cama y esperáis hasta que se pase y luego hablamos. Con la migraña lo mismo. Lo primero es pasarla, luego seguís con la investigación.
Mi última hipótesis de trabajo se ha visto confirmada en mi último ataque de migraña. Justo antes de mi primer viaje a España de este año tuve el primer ataque serio de 2008. Analizando mis sentimientos me dí cuenta de que me estaba engañando a mí misma una vez más. Cambiando mis planes en consecuencia pude atajar los dolores rápidamente, aunque la fatiga asociada tardó algo más en desaparecer. Qué cambio respecto a los últimos quince años…
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No entiendo nada
Julio 1, 2008 · 6 comentarios
Hace algunos meses escribí una entrada resumiendo algunas conclusiones de mi terapia. También escribí que seguiría con una serie de entradas profundizando en algunas de las conclusiones, cosa que solo hice en parte… Aquí va otra “entrega” de la serie.
Durante muchos, muchos años tuve la sensación de que no entendía al mundo. Solía definirlo así: el día en que la humanidad se reunió para decidir qué es normal yo no estaba. Algunos ejemplos: estando de excursión todo el mundo decidía que era hora de tomarse un café más o menos a la vez… todos… menos yo; yo quería estar con gente a toda costa, necesitaba su compañía imperiosamente… pero ellos parecían necesitarme mucho menos; si había tarta de postre la gente a veces decía que no le apetecía… ¿¿¿???; me agobiaba mucho si las cosas no estaban planificadas de antemano… los demás no; eso aparte de las grandes diferencias entre mi familia y muchas de las familias de los demás en muchos aspectos…
Creo que esa sensación de no entender al mundo y de que el mundo no me entendía, que por cierto no tengo desde hace un par de años, tenía tres razones:
- Tenía necesidades que los otros no tenían: necesidad insaciable de cariño, necesidad de huir de mí misma, “necesidad” de comer constantemente, etc.
- Ignoraba muchas de mis necesidades que los demás también tienen: necesidad de descansar, necesidad de “no hacer nada” de vez en cuando, necesidad de soledad, etc.
- Me sentía rara porque creía que había que ser normal: es un poco difícil de explicar. Quiero decir que ahora me tomo mis peculiaridades como cosas que me hacen diferente, especial, pero no rara. Por ejemplo, si resulta que me gusta cantar en finlandés aunque no entienda lo que digo, pues lo hago, y si me preguntan lo digo. Y si me dicen que qué tía más rara contesto: ¡a que sí!, me río y sigo cantando tan feliz. Antes sentía que cosas así o las que he escrito en el punto 1 me hacían rara, es decir, extraña y o bien las ocultaba o las mostraba de forma desafiante, con cierta agresividad o incluso sensación de superioridad que en el fondo venía del complejo. Ahora simplemente sé que yo soy eso, con mis rarezas como todo el mundo y no voy a dejar de cantar en el idioma que me plazca porque a nadie le parezca raro. Tampoco intento convencer a los demás de que sean como yo.
La verdad es que me sentía un poco extraterrestre. Ahora soy un ser humano normal y corriente.
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La terapia del amor
Junio 24, 2008 · 1 comentario
Hace tiempo que quería escribir una entrada con este título tan ridículo y hoy por fin se me ha ocurrido cómo enfocarla. Os quiero explicar por qué hace tanto tiempo que no escribo en este blog. Una de las razones es la existencia de Tejiendo Caminos de Autoestima que absorbe parte del tiempo que paso en internet. Otra razón es el verano: cuando vives en el norte tienes que aprovechar cuando hace bueno para hacer cosas que no puedes hacer el resto del año como bañarte y tirarte al sol, porque nunca se sabe cuánto va a durar el buen tiempo. Pero la razón principal es que últimamente me va muy bien.
Seguro que habéis visto el título y pensado: ¡esta se ha echado novio! Jeje, pues no, no es eso a lo que me refiero. El asunto es que las relaciones humanas en general y el amor en particular eran parte de los problemas que me llevaban a darme atracones pero a base de intentarlo creo que he conseguido superar esos problemas, o al menos dar pasos en la dirección correcta.
Hasta que me vine a este país prácticamente solo había tenido relaciones largas. Aparte de eso prácticamente nada de corta duración. Me había enamorado de alguno que no me hizo caso, eso sí, pero poco más. Es decir que tenía poca experiencia en las arenas movedizas amorosas. Una vez, cuando estaba metida en pleno trastorno por atracón me enamoré perdidamente de un hombre que no me quería. Por mucho que fuera evidente que la cosa no iba a tener futuro yo no me daba por enterada y seguía con mi fijación de forma desesperada. Creo que buscaba a alguien que me sacara del infierno por el que estaba pasando. Alguien que me salvara.
En esas condiciones desde luego que no era posible atraer a nadie, así que pasó bastante tiempo hasta mi próxima relación, que una vez más fue de larga duración y que acabó hace un año. Mientras duró esa relación no tuve demasiados problemas con atracones, salvo la recaída que me llevó a buscar a la psicóloga con la que aún estoy en terapia. Pero un día me dí cuenta de que ya solo estaba con él por miedo a la soledad. Creo que fue una de las consecuencias de mi terapia: cuando por fin tomé las riendas de mi vida y fui paso a paso reordenandolo todo, mis relaciones familiares, amistosas, el trabajo… un día le tocó al amor y la consecuencia fue la separación después de cuatro años de relación y uno viviendo juntos.
Por suerte mi miedo a la soledad no estaba justificado. Mi red social respondió muy bien y pronto empecé a conocer gente nueva. Entonces empezó eso que yo llamo “la terapia del amor”. Mi psicóloga me aconsejó que no me metiera en nada muy serio demasiado rápido, que aprovechara la oportunidad, la libertad que tenía para experimentar y aprender, sobre mí, sobre lo que quiero, lo que necesito, y sobre los otros. A todo esto hay que tener en cuenta que ando alrededor de los 30 años, edad en la que si no eres activa puedes pasar mucho tiempo sin conocer gente nueva.
Desde entonces he conocido a muchísima gente porque me he obligado a salir del círculo que tenía más a mano. Quería descubrir qué hay más allá y me he encontrado de todo. He hecho nuevos amigos, he perdido algunos viejos, he salido sola, he pasado fines de semana enteros en casa. En el terreno amoroso me he pegado muchos batacazos que me han llevado a los atracones de nuevo, pero creo que eran necesarios para aprender. Mientras tuve pareja tenía el tema afectivo cubierto con lo que evitaba enfrentarme al tema.
Una de mis recaídas tuvo una importancia trascendental. Me había enamorado una vez más. El tipo ya me había dado calabazas una vez, pero meses más tarde de algún modo parecía que a lo mejor sí que tenía cierto interés. Yo mandaba “globos sonda” pero él no reaccionaba realmente. Es decir, si abría los ojos podía ver que en realidad no le interesaba del modo que me hubiera gustado. Pero una parte de mí se rebelaba contra esa evidencia. Una parte de mí seguía buscando desesperadamente un salvador y creía que si cerraba los ojos y lo deseaba lo suficiente el sueño se haría realidad. Esto no es algo que yo pensara. Simplemente ese sentimiento que yo confundía con amor pero que en realidad era otra cosa era terriblemente fuerte y no me abandonaba, no me dejaba ver con claridad. Pero esta vez sabía que algo en mí fallaba y me precipité en una recaída bastante grave.
Después de enfrentarme al problema de la manera más cruda posible, es decir volviendo a preguntarle al hombre en cuestión, y de que me dijera una vez más que no, me sentí aliviada. Me atreví a hablar con él porque estaba desesperada, porque había perdido una vez más el control sobre mí misma y de algún modo sabía que mi mitad rebelde solo me dejaría en paz después de un buen bofetón como ese. Después decidí que tenía que entender lo que me ocurría de forma profunda. Me encerré en mí misma y busqué hasta que encontré la raíz de mi problema: había idealizado a esa persona que en realidad no conocía mucho, quería que la historia funcionara e ignoraba todo lo que indicara que no era así. De algún modo había decidido que la historia tenía que funcionar y estaba dispuesta a todo porque fuera así.
Si lo pensáis, una relación basada en la fuerza bruta de una de las personas no puede durar mucho. Es algo que desgasta a la persona que en cuanto deje de esforzarse verá que la relación se desmorona. Me dí cuenta de que eso es lo que llevaba haciendo mucho tiempo, que ese era mi “patrón de comportamiento”. Darme cuenta del nivel de ceguera compulsiva que podía llegar a alcanzar me deprimió bastante. Había estando tirando de cosas que hacía tiempo que no funcionaban. ¿Cómo puede una engañarse a sí misma de esa manera? Tengo ejemplos a mi alrededor en los que hacía tiempo que me había dado cuenta de que estaban haciendo exactamente eso, por eso fue terriblemente duro entender que yo estaba haciendo lo mismo. Al mismo tiempo pensaba que ahora que lo sabía a lo mejor podía hacer algo para evitarlo.
Desde entonces he vuelto a tener algunas experiencias y parece que he cambiado. Ya no me enamoro inmediatamente. Ahora voy más despacio. Soy consciente de que no conoces a la gente hasta que pasa bastante tiempo. Que puedes incluso enamorarte de lo que ves porque rellenas el resto con tu imaginación, pero que tienes que estar dispuesto a aceptar que la realidad no encaje con tus sueños y actuar en consecuencia, aunque pique, pero mejor un picorcillo que años perdidos. Ahora ya no estoy dispuesta a darlo todo por una relación, no si el otro no da más o menos en la misma medida.
Como veis es un tema muy personal y algo difícil porque mi ceguera me ha hecho comportarme de forma bastante estúpida muchas veces. El tema me da mucha rabia pero me lo perdono porque sé que no tengo la culpa de tener ciertas carencias afectivas. Sospecho que esas carencias afectivas que me han llevado a comportarme así están muy relacionadas con los problemas con la comida: de hecho no he vuelto a tener una recaída importante desde la recaída a la que me refería antes. Por eso pienso que esta historia puede ayudar a alguien ahí fuera que tenga problemas similares.
Gracias a Miranda entendí por qué muchas chicas con trastornos de la conducta alimentaria se llaman a sí mismas princesas. Ahora sé que yo también era una de ellas, esperando al príncipe azul que me sacara de la torre sin puerta pero se acabó la espera, también hay princesas activas: he agarrado las armas y saldré yo solita.

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Marcadores dinámicos
Mayo 26, 2008 · Dejar un comentario
He añadido un campo en el margen derecho donde aparecen las entradas de Tejiendo caminos de autoestima. Así podéis ver desde aquí qué se cuece por allí. Yo seguiré escribiendo lo más personal por aquí, y aunque a veces no escriba mucho miro bastante a menudo, así que si os apetece comentar podéis hacerlo en ambos lugares. El enfoque de TeCAu es más general, y tiene más visitas, así que es más probable que alguien os pueda ayudar si tenéis alguna duda. ¡Opiniones, preguntas, comentarios son bienvenidos en los dos blogs!
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He vuelto a entender algo
Mayo 21, 2008 · 6 comentarios
Hasta hace poco tiempo tenía muchos problemas para ver y aceptar mis propios sentimientos. Ahora cuando los veo puedo aceptarlos, pero a veces es dificísimo verlos. Muchas veces tengo un sentimiento difuso, me siento mal y no sé por qué.
La última vez ha sido después de hablar por teléfono con un amigo. Le concocí poco antes de caer en la peor fase de atracones. Eso determinó nuestra amistad en muchos sentidos, cosa de la que nunca hablamos. Mientras hablaba con él sentí como tantas veces que algo no encajaba pero en vez de ignorar el sentimiento decidí hacerle caso. ¡Si me siento mal algo tendré que hacer! Claro, esto se me ocurrió después de hablar con él, pero no pasa nada, se puede coger el teléfono otra vez o escribir un email.
Dándole vueltas al tema he descubierto cuál es el problema. Es un poco decepcionante porque es algo que ya conozco: que intento que las cosas sean lo que no son. A veces hago como si fueramos más amigos de lo que a lo mejor quiere ser él y él me lo hace notar, pero yo me hago la sueca. ¿Entonces al final qué pasa? Que él se defiende y yo no me llevo más que palos pero aguanto porque “somos amigos”. Lo que es estar ciega, ¡grrrr!
En fin, por fin me he dado cuenta y creo que es de las últimas amistades de aquella época que me quedan por “desintoxicar”. Le he escrito y veremos lo que pasa porque siempre se corre el riesgo de perder la amistad cuando se sacan estos temas (ya me ha pasado), pero la cosa es aclararse. Amistad o no amistad, pero no una cosa extraña que me crea más tensión que otra cosa.
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